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Encuentra empresas especializadas en tu ciudad o província y accede directamente a su página para ver más información. Si no ves la zona que necesitas, rellena tu solicitud desde esta misma página y revisaremos si podemos orientarla según la ubicación y el tipo de trabajo.




Uno de los casos más habituales es la retirada de cubiertas antiguas de uralita o fibrocemento en naves, almacenes, garajes, anexos, cobertizos y otras construcciones. Si este es tu caso, es importante indicar el tipo de inmueble, el estado de la cubierta y la ubicación aproximada para orientar mejor la solicitud.

También existen solicitudes relacionadas con bajantes, conducciones o instalaciones antiguas que pueden contener fibrocemento. Este tipo de actuación suele aparecer en comunidades de propietarios, edificios antiguos y reformas integrales.

Algunos usuarios necesitan retirar depósitos, placas onduladas, paneles o cerramientos fabricados con materiales antiguos que pueden contener amianto. Si el elemento está identificado o tienes fotografías, conviene indicarlo en la solicitud.
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Consulta nuestra guía sobre el precio de retirada de amianto y uralita (blog)
Rellena el formulario con el tipo de inmueble, la zona y el elemento que necesitas retirar o revisar. Si no sabes exactamente qué material tienes, descríbelo igualmente con el mayor detalle posible. Cuanta más información nos facilites, mejor se gestionará tu solicitud. Una empresa especializada se pondrá en contacto contigo.
No cualquier empresa puede realizar trabajos con amianto. La legislación española es muy clara en este punto: Los trabajos profesionales de retirada de amianto están sujetos al RD 396/2006 y, con carácter general, deben ser realizados por empresas especializadas inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto, conocido como RERA y conforme al plan de trabajo que corresponda. Esto no es una recomendación ni una buena práctica, es una exigencia legal recogida en el Real Decreto 396/2006. Estas intervenciones no pueden ser realizadas por una empresa no inscrita en el RERA, salvo determinadas excepciones muy concretas para exposiciones esporádicas y de baja intensidad.
Un trabajo de retirada de amianto no comienza el día que llega el equipo con los monos blancos. Existe todo un proceso previo y posterior igualmente importante. A grandes rasgos se desarrolla en las siguientes fases:
Todo comienza con una visita técnica al inmueble para identificar y evaluar los materiales con amianto presentes, su estado de conservación, su extensión y su accesibilidad. En caso de duda sobre si un material contiene amianto, se toman muestras que se analizan en laboratorio acreditado. Con esta información se determina el alcance exacto de los trabajos.
La empresa inscrita en el RERA redacta el Plan de Trabajo, un documento técnico obligatorio que detalla cómo se va a realizar la retirada, qué medidas de seguridad se van a aplicar, qué equipos se utilizarán y cómo se gestionará el residuo. Este plan debe ser aprobado por la autoridad laboral competente antes de que pueda comenzar ningún trabajo. Es un trámite irrenunciable.
Una vez aprobado el plan, el equipo acondiciona la zona de trabajo. Se delimita y señaliza el área, se protegen y cubren las superficies colindantes, y en función del tipo de material y el riesgo, se puede llegar a instalar un sistema de confinamiento hermético con presión negativa para evitar cualquier escape de fibras al exterior.
Es la fase de ejecución propiamente dicha. Los operarios, con los equipos de protección individual exigidos por ley, proceden a la retirada del material siguiendo estrictamente el procedimiento establecido en el Plan de Trabajo. Se trabaja manteniendo el material húmedo para minimizar la generación de polvo y fibras, y se evita en todo momento romper, cortar o fragmentar el material innecesariamente.
Una vez retirado el material, se realiza una limpieza exhaustiva de toda la zona de trabajo mediante aspiración con filtros HEPA y técnicas específicas. Los equipos de protección utilizados también se descontaminan o se desechan como residuo peligroso. El objetivo es garantizar que no quedan fibras residuales en el entorno.
Antes de dar por concluidos los trabajos y levantar el confinamiento, se realizan mediciones ambientales para verificar que la concentración de fibras en el aire está por debajo de los límites legales establecidos. Es la prueba objetiva de que el espacio ha quedado limpio y es seguro.
Todo el material retirado se embala, etiqueta y traslada como residuo peligroso a un vertedero autorizado, con toda la documentación de trazabilidad que lo acredita. El cliente recibe el expediente completo del trabajo: el Plan de Trabajo aprobado, los resultados de las mediciones y los certificados de gestión del residuo. Esta documentación es la garantía legal de que todo se ha hecho correctamente.

El RERA es el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto, un registro oficial de carácter público gestionado por las autoridades laborales de cada comunidad autónoma. Para inscribirse en él, una empresa debe acreditar una serie de requisitos exigentes que demuestran que está realmente capacitada para trabajar con este material de forma segura y legal.
Entre los requisitos que debe cumplir una empresa inscrita en el RERA destacan los siguientes: contar con trabajadores formados y con la capacitación específica en trabajos con amianto acreditada, disponer de los equipos de protección individual adecuados, tener establecidos procedimientos de trabajo seguros, contar con los equipos de medición ambiental necesarios o acceso a ellos, y estar al corriente de todas sus obligaciones en materia de vigilancia de la salud de sus trabajadores. Además, cada trabajo concreto requiere la elaboración y aprobación previa de un Plan de Trabajo por parte de la autoridad laboral competente, sin el cual no puede comenzar ninguna actuación.
El RERA no es un registro único nacional, sino que cada comunidad autónoma gestiona el suyo propio, por lo que una empresa debe estar inscrita en el registro de la comunidad donde va a ejecutar los trabajos, o bien tener la inscripción reconocida en ella.
Porque una retirada mal ejecutada puede ser peor que no hacer nada. Si los trabajos no se realizan correctamente, el material que estaba contenido puede convertirse en una fuente activa de contaminación, afectando a trabajadores, ocupantes y entorno.
Una empresa especializada e inscrita en el RERA no solo retira el material con todas las garantías de seguridad, sino que se ocupa de todo el proceso: la documentación, las mediciones ambientales antes y después de los trabajos, y la gestión del residuo como material peligroso. Al terminar, recibes un expediente completo que acredita que el trabajo está bien hecho y que no tienes ninguna responsabilidad pendiente.
Contratar a alguien no autorizado, además de ilegal, puede salirte muy caro. Las responsabilidades administrativas, civiles e incluso penales en caso de incidente superan con creces cualquier ahorro inicial. Con el amianto no merece la pena arriesgar.

España presenta uno de los perfiles de riesgo más preocupantes de Europa en materia de amianto, fundamentalmente por el volumen de material que se instaló durante décadas y por el largo período de latencia de las enfermedades asociadas.
Durante los años 50, 60, 70 y 80, nuestro país fue uno de los mayores consumidores de amianto del continente. Se utilizó de forma masiva en la construcción de viviendas, colegios, hospitales, naves industriales y edificios públicos, así como en sectores como la construcción naval, la industria ferroviaria y la automoción. Se estima que millones de trabajadores estuvieron expuestos durante ese período, muchos de ellos sin ningún tipo de protección ni conocimiento del riesgo.
Aunque España prohibió el uso del amianto en 2002, y la Unión Europea lo hizo en 2005, la prohibición no eliminó el problema, solo detuvo su crecimiento. Todo el material instalado durante décadas de uso masivo sigue presente en un parque edificatorio enorme: cubiertas de fibrocemento, tuberías, depósitos, aislamientos industriales y un largo etcétera que nadie ha cuantificado con precisión, porque a día de hoy España carece de un inventario nacional exhaustivo de materiales con amianto, algo que sí tienen otros países europeos como Francia o el Reino Unido.
Se calcula que en España fallecen más de 3.000 personas al año como consecuencia de enfermedades relacionadas con el amianto, una cifra que lejos de disminuir, sigue creciendo. La razón es precisamente ese período de latencia de entre 20 y 50 años, lo que significa que muchas de las muertes que se están produciendo ahora corresponden a exposiciones ocurridas en los años 70 y 80. Los expertos sitúan el pico de mortalidad en Europa en la franja 2020-2030, es decir, en el momento actual.
Esta realidad convierte el amianto en un problema de salud pública vigente y urgente, no en una amenaza del pasado. Cada cubierta de uralita envejecida, cada calorifugado deteriorado en una instalación industrial, cada bajante antiguo en mal estado, representa un foco de riesgo activo que exige atención, evaluación y, cuando procede, actuación.
Durante décadas simplemente se desconocía el riesgo, o no se quería saber. Se consideraba un material casi milagroso y su uso se disparó durante la reconstrucción e industrialización masiva tras la Segunda Gueraa Mundial.
Sus propiedades tecnicas eran extraordinarias para la época: era ignífugo, no conductor de la electricidad, resistente a la corrosión y a los productos químicos, soportaba temperaturas extremas y tenia una gran resistencia mecánica. Además, era muy barato y abundante, no había competencia respecto a otros materiales.
Hoy en día el amianto puede estar presente en cualquier edificio o instalación construida o reformada antes de 2002, aunque no siempre es visible ni fácilmente identificable. Estos son los lugares más habituales donde se encuentra:
Los depósitos de agua fabricados en fibrocemento fueron enormemente habituales en España, instalándose de forma masiva en azoteas de edificios residenciales, viviendas unifamiliares, instalaciones agrícolas y edificios públicos, especialmente entre los años 50 y 80. Muchos de ellos siguen existiendo hoy, olvidados en cuartos de azotea y en ocasiones aún en uso. Su riesgo es doble: por un lado pueden liberar fibras al aire si están deteriorados o se manipulan sin protección, y por otro, cuando el fibrocemento se degrada por el interior, pueden contaminar directamente el agua almacenada que se consume. Es uno de los problemas menos visibles y más ignorados en materia de amianto en España, ya que a diferencia de las cubiertas, estos depósitos no están a la vista y muchos propietarios ni siquiera saben que existen o de qué material están fabricados.
Tuberías de fibrocemento para agua potable y saneamiento están enterradas en muchas redes de distribución municipales en toda España, algunas todavía en uso. También se utilizó en la construcción de túneles, estaciones de metro y ferroviarias.
Las placas de fibrocemento o uralita en tejados de naves industriales, almacenes agrícolas, garajes, viviendas unifamiliares y edificios de todo tipo son probablemente la presencia más extendida y visible en España. También se encuentran canalones, bajantes y tuberías de fibrocemento en fachadas y patios interiores.
El amianto proyectado o en forma de coquizaciones se usó masivamente para aislar térmicamente tuberías, calderas, hornos y equipos industriales. Este tipo es especialmente peligroso por su carácter friable. Se encuentra en fábricas, refinerías, plantas de generación eléctrica, astilleros e instalaciones ferroviarias.
Dentro de los hogares puede encontrarse en forma de aislamiento en tuberías de calefacción, en losetas de vinilo del suelo, en paneles de electrodomésticos antiguos como estufas o cocinas, en juntas de calderas, en depósitos de agua, y en algunos casos en revestimientos de paredes o techos.
Colegios, hospitales, juzgados, cuarteles y edificios administrativos construidos entre los años 50 y 90 pueden contener amianto en falsos techos, revestimientos, aislamientos y paneles. Este punto es particularmente sensible por la presencia constante de personas, incluidos niños.

El amianto ha sido reconocido por la OMS, la UE y todas las organizaciones sanitarias mundiales como uno de los elementos cancerígenos más peligrosos que existen. El peligro no está en tocarlo ni en estar cerca de él de por sí, si no en la inhalación. Caundo los materiales que contienen amianto se deterioran o se manipulan, pueden liberar fibras microscópicas invisibles al ojo humano, tan pequeñas que burlan los mecanismos de defensa naturales de pulmón.
Al inhalar fibras de amianto se clavan en los tejidos pulmonares y pleurales y el organismo no puede eliminarlas ni degradarlas, por lo que se acumulan de por vida en los tejidos y pueden tardar entre 20 y 50 años en provocar enfermedad.
Ese es precisamente uno de los peligros cruciales y es que alguien expuesto hoy puede no sentir nada extraño y no enfermar hasta 2050. Por ello la enfermedad por amianto sigue siendo un problema enorme hoy, con personas que estuvieron expuestas en los años 70-80.
La inhalación de fibras de amianto puede causar enfermedades graves e irreversibles, todas ellas sin tratamiento curativo eficaz. La más característica es el mesotelioma maligno, un cáncer de la pleura o el peritoneo prácticamente exclusivo del amianto y con un pronóstico muy sombrío. También provoca cáncer de pulmón, cuyo riesgo se multiplica de forma devastadora en personas que además fuman. La asbestosis es una fibrosis pulmonar progresiva que dificulta cada vez más la respiración hasta derivar en insuficiencia respiratoria. A estas se suman las placas pleurales, el derrame pleural benigno y una relación documentada con cánceres de laringe, ovario, faringe y estómago. Todas comparten una característica especialmente cruel: pueden tardar entre 20 y 50 años en manifestarse desde el momento de la exposición.
Materiales como la uralita o el fibrocemento no son altamente peligrosos de por si, ya que si están en buen estado se consideran NO FRIABLES por ser duros y compactos y por lo tanto de riesgo bajo. El peligro está en su interior, en las fibras de amianto que los componen. Cuando estos materiales envejecen, se vuelven frágiles y se rompen fácilmente, dejando escapar fibras en el entorno. Se vuelven FRIABLES.
También se consideran materiales friables aquellos que se desmenuzan con la mano, como coquizaciones, calorifugados o proyectados, por lo que supone un riesgo alto de liberación de fibras de amianto y el criterio general es la retirada obligatoria en casi todos los casos.
En resumen, el amianto es peligroso porque sus fibras son invisibles, irrespirables, indestructibles por el organismo, y pueden provocar cánceres mortales décadas después de la exposición, sin que haya ningún tratamiento curativo eficaz.
Es una de las dudas más frecuentes por las que nos conusltan y lo cierto es que en España, la normativa vigente no obliga siempre a retirar el amianto. La decisión depende de varios factores que detallaremos a continuación y la urgencia de la intervención no es la misma en todos los casos.
Para decidir el momento de la retirada se siguen una serie de criterios establecidos. En nuestro país, desde hace muchos años se puso en marcha una campaña para retirar el amianto de todos aquellos lugares donde suponga un riesgo para la salud de las personas o del entorno. Por ello, existen subvenciones y ayudas para retirar elementos que contengan amianto incluso si no suponen un peligro inminente.
Normalmente se estima que la vida útil de materiales como la uralita o el fibrocemento es de entre 25 y 35 años. Transcurrido este tiempo es fácil que el material se haya deteriorado, quedando expuesto liberando fibras de amianto y contaminando el entorno. En estos casos, cuando el material ya ha excedido su vida útil, si se considera necesario realizar una intervención de retirada y descontaminación por un equipo profesional con medidas de protección adecuadas.
Si el material con amianto está en buen estado, encapsulado y sin riesgo de liberación de fibras, la normativa permite mantenerlo en el lugar aplicando medidas de control y prevención. Además el material debe reunir una serie de condiciones para poder mantenerlo sin retirar:
La mejores alternativas a la retirada son:

No todas las actuaciones de retirada de amianto son iguales. No es lo mismo una cubierta de uralita en una nave que unos bajantes en una comunidad, un depósito antiguo o placas de fibrocemento en una vivienda.
Por eso, esta página está pensada para recoger solicitudes de usuarios que necesitan una empresa especializada en retirada de amianto y quieren orientar su caso según la zona y el tipo de elemento afectado. Cuanta más información puedas aportar, más fácil será revisar la solicitud y dirigirla correctamente.
Si no sabes con certeza si el material contiene amianto, también puedes explicarlo en el formulario. En muchos casos, el usuario sabe que tiene uralita, fibrocemento o un material antiguo, pero no dispone de todos los detalles técnicos desde el primer momento.

La retirada o descontaminación de amianto es el conjunto de trabajos necesarios para desmontar, manipular, embalar y gestionar materiales que contienen amianto de forma controlada. En España es un proceso regulado que solo puede realizarse por empresas homologadas y registradas ya que la exposición a fibras de amianto puede suponer un riesgo para la salud y exige medidas preventivas como elementos de protección corporal y equipos de descontaminación específicos. Los escenarios más habituales detrás de una solicitud de retirada de amianto son los siguientes:
Durante una reforma pueden aparecer cubiertas, bajantes o materiales antiguos que obligan a valorar una retirada especializada.
Cuando una cubierta está deteriorada, envejecida o quieres renovarla por completo, suele ser necesario buscar una empresa especializada en este tipo de actuación.
En edificios y comunidades es frecuente que la necesidad aparezca al revisar instalaciones antiguas o planificar obras de rehabilitación.
A veces la retirada de amianto aparece vinculada a una operación de compraventa, a una inspección o a una rehabilitación más amplia.
Muchos usuarios llegan a esta página porque sospechan que hay uralita o fibrocemento en el inmueble, pero no tienen una confirmación técnica clara. En ese caso, también puedes explicar tu situación y aportar la información disponible.

Queremos que el proceso sea lo más fácil, cómodo y claro posible para ti. No necesitar contactar con empresas en tu zona, nosotros lo hacemos por ti, totalmente gratis.
Completa el formulario con la ubicación del inmueble, el tipo de inmueble, el elemento afectado y cualquier detalle útil. Si conoces el material o el alcance aproximado de la actuación, indícalo.
La solicitud se revisa teniendo en cuenta la zona y el tipo de necesidad planteada. Cuanto más concreta sea la información, mejor se podrá orientar.
Una vez revisado el caso, la solicitud puede orientarse hacia empresas del sector que trabajen ese tipo de actuación y tengan cobertura en la zona indicada.
A partir de ahí, la empresa puede pedir más información, valorar el alcance del trabajo o preparar el presupuesto en función de las características del inmueble y de la actuación necesaria.
Trabajamos únicamente con empresas del sector del desamiantado que cumplen criterios claros de actuación, cobertura y adecuación al tipo de servicio que el usuario necesita.
Colaboramos con empresas inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo por Amianto (RERA), un requisito clave en trabajos relacionados con amianto.
Colaboramos con empresas que trabajan actuaciones relacionadas con cubiertas, bajantes, placas, depósitos, fibrocemento y otros elementos con amianto.
Cada empresa colaboradora opera en una zona concreta y recibe las solicitudes que corresponden a ese ámbito territorial.
La gestión del caso se apoya en una comunicación clara sobre los siguientes pasos y sobre la forma de abordar la solicitud.
Si necesitas una empresa de retirada de amianto en tu zona, envía tu solicitud desde esta página y te pondremos en contacto con la empresa colaboradora correspondiente.
Sí. Puedes describir el elemento afectado, la antigüedad del inmueble o cualquier detalle que ayude a entender el caso.
Sí. Recogemos solicitudes para viviendas, comunidades, naves y locales.
Sí. La solicitud puede hacerse para edificios, comunidades, negocios, naves y otros inmuebles.
Lo más importante es la provincia, el municipio, el tipo de inmueble y el elemento afectado.
La solicitud se revisa y se deriva a la empresa colaboradora de la zona correspondiente.
La sección arranca con Madrid, Barcelona y Valencia, aunque puede ampliarse a otras zonas según cobertura y disponibilidad.
Sí. Si ya sabes la zona en la que necesitas el servicio, puedes acceder a la página específica disponible para ese ámbito geográfico.
El RERA es el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto. La inscripción forma parte del marco regulatorio para empresas que realizan este tipo de trabajos.